LVIII CONGRESO DE FILOSOFÍA JOVEN

LVIII Congreso de Filosofía Joven
Un problema inquietante:


El hipócrita que tiene que desempeñar siempre un papel, acaba por no serlo. La vocación de casi todos los hombres comienza por la hipocresía, por la imitación de lo exterior.
Quien lleva sin cesar la careta del disimulo amistoso, tiene que acabar por enseñorearse de aquellas actitudes benévolas, sin las cuales la expresión de la cordialidad no puede encontrarse, y cuando, a su vez, lleguen éstas a apoderarse de él, entonces será afable por completo.
(F. Nietzsche, “De como el parecer se transforma en ser. En Humano, demasiado humano”)
La Sociedad de la Información, la Era Digital o la Cuarta Revolución Industrial son, aparentemente, marcos socioculturales e históricos que pretenden definir el tiempo que nos toca vivir. Nos desenvolvemos con inusitada ligereza en torno a términos como la inteligencia artificial, la nanotecnología, la computación en la nube o el internet de las cosas.
Este perpetuo génesis del devenir técnico –o tecnológico –no deja de saturar el lenguaje, pero parece esquivar algunos términos fundamentales para el sano desempeño filosófico, términos especialmente productivos por problemáticos. Por este motivo, hemos fijado nuestra atención en una de las palabras con semántica más rica: la noción de persona.
¿Qué es ser persona hoy?
Nos preguntamos ¿Qué significa hoy, en pleno siglo XXI, dirigirse a otro, entidad o subjetividad, empleando esa palabra? ¿Qué contextos nos ayudan a esclarecer qué es “ser persona hoy”?
Esta noción exhibe multitud de carices acumulados, que van desde lo escénico a lo teológico, pasando por lo ontológico, político, moral y jurídico. Precisamente por este motivo aceptamos el reto de revisar esas cicatrices de ser persona; ellas son las que convocan la diversidad de perspectivas teóricas que exige una profunda reflexión en torno a su práctica.


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